De la incertidumbre.

Es inabarcable y a la vez se siente tan cerca.

Estoy hablando de la incertidumbre que, con sus aires de misterio y andar sigiloso, tiene una fuerza motora para usar ó desperdiciar.

La incertidumbre tiene dos caras, parece bipolar en la superficie.

Actúa los roles de enemiga, como una malvada fuerza que te congela de miedo, y actúa como amiga, como una tremenda fuerza que te inspira a confiar.

Resulta que hoy la incertidumbre es mi amiga. Y de las fieles. De las que te dan respaldo y cobijo, de las que te insisten en que te sujetes a tu verdad.

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De la opresión, ellas saben.

Qué tendríamos que tener vergüenza

qué tendríamos que taparnos,  escondernos

ó mejor, desaparecer.

Qué deberíamos dejar de opinar,

aprender a callar,

ó mejor, a no hablar.

Qué correspondería quedarnos quietas,

quedarnos mudas, mirar hacia otro lado,

ó mejor, no respirar.

Ni qué hablar de gozar y reír,

ó mejor, de vivir.

 

 

De mariposas y otras incertidumbres.

Sinceridad animal, violenta, salvaje. Dos mini orugas en el pasto, conversan, gesticulan, miran, piensan, crean pero no se tocan. Victimas de su sensibilidad, no sufren, se aguijonean. Estímulos mentales más no corporales.

Báncate ese defecto, ó cópialo. O exagéralo. No importa. Construite, date forma, moldéate. Mira para al costado, no para ese, el otro digo, el lado repleto de conceptos finos, estéticos, elegantes.

Aférrate a una postura. Estar o no dormido. Esa es la nueva cuestión a debatir.  La agresividad inerte del insomnio choca contra el miedo de perder algo hermoso por estar inmerso en sueños, de esos que revelan los temores y los deseos. Antes de elegir, pensá en lo que dijo  un hombre con la clara intensión de marcar la vida de otro: el que mira hacia afuera, sueña; el que mira hacia adentro, despierta.

Urgencia de sensaciones. Un brownie demorado a causa del piquete de caprichos. Sirenas de fondo y la mirada fija en la nada. Aunque no puedan explicarlo, tampoco pueden negarlo. Demoradores de placer. Imaginan un espacio suspendido en el tiempo donde las explicaciones sufran de vértigo, donde la belleza se edifique sin quimeras. Que sea palpable.

Sin anillos, sin descanso, sin remedio. Enroscados, pasados de rosca. Las mini orugas no quieren padecer del efecto bicho bolita ni mucho menos quieren saber del efecto puercoespín.

 

Una frase puede darme náuseas

“I love my chicken” dijo, y a mí se me retorció el estomago.

Lo dijo mientras con sus manos metía una grasosa pata de pollo en su boca. Estábamos sentadas en su cocina, sobre la mesa de madera y el sol entraba despacito por la ventana.

“I love my chicken” comentó, como se hacen esos simples comentarios sobre el clima, sin importancia, como al pasar.

Que ingenua fui, esa mañana había pensado que ese día iba a ser un día tranquilo.

“I love my chicken” dijo frente a mí sin sospechar  que eso pudiera tener efecto alguno… pues no, en ese instante me dieron náuseas. Asco.  No recuerdo si lo disimulé bien. Estábamos sentadas una frente a la otra. Yo la miraba fijo, ella miraba su plato.

“I love my chicken”… esas palabras se me clavaron en el pecho, lo sentí como se siente un insulto. Lo sentí como se siente un escupitajo en la cara.
Asco, bronca y consternación.

Un don y una isla.

Cirros, cirrocúmulos, estratos, nimbostratos o cualquiera otra formación nubosa no podían hacerle frente a su don. No, al menos, por mucho tiempo.

Verlo en acción era un privilegio. Hacía retroceder las nubes que nos hacen sombra. Ese era su efecto en las personas y en mí. Lo lograba sin querer y queriendo. A veces olvidaba su don y andaba liviano, y otras veces lo potenciaba al máximo hasta dejarlo exhausto.

La reina de las nubes, Cumulonimbos, de muchos kilómetros de largo y llena de vertiginosos vientos fue su mayor desafío. Cuentan que un día lo envolvió y arrastró hasta el océano, para dejarlo desnudo y a merced de la luna. No se sabe con certeza como regresó sano y salvo a tierra. Dicen que domó y montó una estela de vapor y cabalgó hasta la orilla de una isla.

No cualquier isla, agrego. Era mi isla.

isla-ro

Para sobrevivir, hoy.

Cuando pensé que me había vaciado de imágenes, viajé.

No fue justo a tiempo, fue un poco después. De todos modos, menos mal.

El viaje no terminó, pero me volví a vaciar.

No del todo, digamos que medio tarro gracias a algún refill ocasional.

Pero eso no basta. Necesito de imágenes.

Quizás, un viaje mental.

Reflexiones de una nueva treintañera

Estos 30 añitos no vienen solos. Entre otras cosas, vienen las canas que denotan madurez y un clara negación a usar tinturas, vienen los auto-reproches junto con sus respectivos auto-perdones, y muchos aires de “yo creo en esto y en aquello, y en aquello otro jamás, y me la banco”. Por eso me doy a mi misma el permiso de compartir algunas ideas que se me han hecho carne. Imagino que a mis 80 la lista será larguísima! (y claro, las compartiré con mis – potenciales- nietos).

Aquí van:

  • A veces no hacer ningún plan, es el mejor plan. Me he sorprendido, emocionado, extasiado, he viajado y me he enamorado. Todo esto por no haber hecho ningún plan para lograrlo.
  • Es más fácil perdonar que no perdonar en absoluto. Te sacas kilos de peso de encima en una sola palabra. Cormillot debería incluirlo en sus programas.
  • La verdad libera. Decir la verdad me hace sentir más libre. A veces he dudado si contar la verdad o si mejor mentir aunque sea piadosamente. Las veces que opté por ser sincera fue como volar de tan liviana y libre que me sentí. Recomiendo volar así.
  • La determinación no es obstinación o testarudez. La primera te abre puertas, las segundas te las cierran.
  • El cambio es permanente y mejor que sea bienvenido. Qué lindo que es celebrar los cambios! Los abruptos y los paulatinos (los segundos dejan huellas más profundas, claro). Cambié tantas veces como los días que me desperté. (sería imposible enumerar todos los cambios, , pero personas bien cercanas podrán recordar algunos cuantos muy especiales).
    A excepción de algunas cositas intrascendentes que jamás pude cambiar, como que no supe ni se atarme bien los cordones, o que siempre he querido y quiero tener la última palabra, o que a veces se me destapa la rebelde que tengo adentro sin control. Sí, como dije, intrascendentes…
  • La primera impresión no siempre es la que cuenta. Si fuera así, hoy no tendría a un ángel como compañero de ruta.
  • La familia, como los amigos, sí que se eligen. Para qué bancarse cerca a nadie que no te guste? por no estar solo o lo que fuere? He elegido mal para aprender a elegir mejor. Hoy tengo cerca (la distancia física no importa) a las personas más interesantes que he encontrado, y las que no…bueno…quedaron en otra estación. (podríamos llamarla “estación de las personas que se te cruzan para mostrarte lo que no es amistad-amor-compañerismo”, y a las agradezco por eso).
  • Confía en tu intuición. Suena a frase trillada? Qué me importa! Es verdad verdadera. Es mejor equivocarse por las elecciones que uno hace, que equivocarse por elegir según lo que los otros quieren de o para vos.
  • El efecto bumerán existe, no es un mito. Todo vuelve, para bien y para mal.
  • La paciencia y el cariño se expande cuando adoptas a un animalito. Timo y Mona son mis primeros y mejores ejemplos. Estoy segura que tendré mas J

Y también tengo algunos agradecimientos:

  • A papá: gracias (además de darme la vida, que no es poca cosa) por enseñarme cosas importantísimas para sobrevivir: a mirar a ambos lados antes de cruzar la calle, a andar en bici, a no aceptar caramelos de desconocidos, a disfrutar de hacer el ridículo en público (especialmente en los supermercados), a cuidar el niño que llevamos dentro y por sobre todo tu ejemplo me enseño qué es la humildad, la autosuperación, el compañerismo y qué es ser verdaderamente incondicional a tu seres queridos.
  • A mamá: (además de darme la vida, que no es poca cosa) gracias por el estimulo constante para ser más y mejor, por resaltar y recordarme mis cualidades, por hacerme reflexionar, por señalarme que la inflexibilidad y el ostracismo** no me lleva a ningún lado, que no todo es blanco o negro, y por haberme enseñado con tu ejemplo a reírse de uno mismo, a entender que es la contención, la creatividad, la curiosidad y qué es ser verdaderamente incondicional a tu seres queridos.
  • A mi hermano menor (menor de edad, no en espíritu y gracia): gracias por la infancia divertida que pasamos juntos, por los celos que me hicieron crecer, por tu cariño y admiración, y por sobre todo con tu ejemplo qué me enseño el valor de ser uno mismo, con todas las consecuencias.

**Ostracismo es un mal que afecta a personas que tienen mucho para dar pero se cierran por miedo.

Ya sé que no es bueno arrepentirse, que si las cosas fueron de una manera fue por alguna razón pero…confieso que si de algo me arrepiento es de no haber abrazado más. ¿Cuántas veces quise y no lo hice!!? Por vergüenza, por miedo a quedar mal, por miedo al rechazo.
¡La buena noticia es que recién voy 30 y me quedan muchos más años para abrazar mucho más!

Abrazo de oso (de unos seis segundos como mínimo) para todo aquel que leyó todas estas palabras!!!

Here comes (with) the sun

“I swear it’s true, i swear”, me repitió varias veces.
Estábamos en un pueblito sobre las colinas pegadas al puerto, esperando el bus para regresar a la ciudad.
Me preguntó si sacaba fotos digitales, si tenia zoom y si había tomado alguna foto directa al sol. Le dije que si a todo. Noté una sonrisa detrás de su abundante barba negra. Su ropa  estaba llena de tierra. Seguramente habría terminado de trabajar en alguna de las construcciones que se llevaban acabo en lugar.
Me pregunto si era católica y en pocos segundos pensé que la mayoría allí eran católicos,  muchas iglesias, colegios católicos, publicidad. Si le digo que sí puede que se de cuenta que es mentira, si le digo que no puede que se le borre la sonrisa pero prefiero quedar como la agnóstica que soy antes de hacerme pasar por la religiosa que no soy.
Le sonreí y le dije que no.
“Okey,” siguió, lo vas a ver igual, me afirmó: si miras al sol cuando esté cayendo, y tomas una foto justo en ese momento verás que hay 2 soles negros que acompañan al sol.
“I swear”. Toma la foto, tómala, insistió. Y la tomé desde la ventanilla del bus:

sol.jpg

 No veo nada, le dije y le mostré la imagen.
“zoom, zoom” me gritó emocionado. Al acercar la imagen el sol se descompuso en muchos círculos de luz.
Me explicó que era mejor si tomaba la foto mas tarde porque aun era temprano. Y me re contra re juró que uno de esos soles negros era Jesús que se acercaba a la tierra junto con el sol, que venía a salvarnos de todas las cosas malas que sucedían en el mundo, que faltaban 400 días, y que no debía tener miedo.
“I swear it’s true, i swear, i saw it on YouTube”.

La olvidada.

No le basta con estar cerca, tiene que estar pegada a mí. Su hocico busca con cierta tosquedad hacer contacto con mis manos. ¿Hace cuánto esta gata no recibe mimo alguno?, me pregunto aunque la respuesta ya la sé.

Tiempo atrás había sido la reina de la casa. Gozaba de acceso libre a todos los rincones, entraba y salía a cualquier hora y tenía un collar con su nombre grabado en un pececito plateado. Todos la acariciaban al pasar, la saludaban a la mañana y la llamaban para la hora de cenar.  Su pelo negro brillaba hasta en la oscuridad.

Eso, tiempo atrás.

Ahora parece implorar por atención, raspa la ventana y su maullido parece un chirrido. Tiene prohibida la entrada a la casa por tener pulgas y come bajo el sucio techo de la entrada. Su pelaje está lleno de polvo y al tocarlo se siente áspero. Lleva una mirada extraña como si no tuviera profundidad, como si no tuviese nada de amor.

Se lo olvidó, al amor, cuando la olvidaron a ella.

La acurruco contra mi pecho con la esperanza de reconfortarla, aunque sea, un ratito.

la olvidada